Un nuevo sabor de boca


Llevo encaminado hacia el llanto este jubilo de un sinfín de hallazgos que confiman mi razón de ser, mi constate cuestionada directiz y mi no tan retorcida filosofía de vida que hoy me rige.

 

Incontables fueron las veces en las que observé desde la ventana y en la comodidad de mi ignorancia, a este jardín de la vida donde todo parece sucio, desgastado, malvado, ajetreado, corrompido, donde mi comfort se rehusaba al cambio. Una lluvia de tristeza, inseguridad o simplemente indiferencia.

 

Tengo en la boca un cautivante sabor que parece perecer por un tiempo y quejamas había sentido, un sabor que ruego e imploro reaparezca cada que los esfuerzos sean tan grandes; son esa clase de esfuerzos que solo el deseo y una voluntad firme pueden conducir y mas que eso, perseverar para lograr el cometido. Nada de este bendito disfrute fue cuestión de suerte; llamarle suerte sería subestimar el sacrificio implícito que resulta haciéndose con gusto al pasar del tiempo.

 

La lluvia de la ventana parece acarriar gotas de mérito tras largos años de pelea y que dan como resultado un corazón sano y fuerte, revelandome nuevamente mi razón de existir; otras gotas que satisfacción producto de una serie de eventos que me permitieron conocer en todo el ancho de su signficado, la palabra compromiso, un compromiso que aguarda el deseo de echar a andar las cosas para un bien común, que trae consigo ganar la confianza de los que juegan conmigo en el campo de batalla; que maravilloso es darle una probadita a la confirmación de una profesión.

 

Gotas de plenitud que se disfrutan tal y como aprendí a hacerlo ahora: detrás de la ventana que solía observar. La vida me tocó la espalda con aires frescos desde este gigantesco jardín al que ya no temo recorrer bajo la intemperie y a cambio, aprendí a recorrerlo con gusto.
Las gotas pueden ahora caer directamente sobre estos bucles rellenos de ideas, como las que surgieron cuando creí que era yo quien solía enseñar algunos conocimientos vagos a algunos allegados, mientras que eran estos mismos quienes inadvertidamente me enseñaron a sumir tan profundo, hasta reencontrarme terriblemente confiada, tan decidida.

Todo es causalidad, nada es casualidad. Todo es producto de una acción, y aun cuando te rehuses a creer en un ser supremo, yo confío en que mi reacción ó mi efecto recae en un plan perfecto donde mi fe reconoce que la delicia de esta experiencia, no pudo haber llegado en mejor momento.

 

Ahora veo al cielo infinito y gris que refresca mi memoria para recordarme lo valiente que puedo ser para asumir los retos. Soy mujer de retos. Soy quien ahora recuerda esa facilidad de cambio de hábito cuando el deseo y la convicción se adueñan de mi cabeza. He aquí otro sabor de boca exquisito cuando la estima se reactiva.

 

Y el jardín de la vida sigue igual de sucia, desgastada, acelerada y demás, solo que ahora lo que parecía la intemperie es mi verdadero mundo, es la vida misma para el que no tiene miedo, es el gran espacio que retribuye satisfacción cuando te atreves a moldearlo y controlarlo. El mundo viene desde mi interior; yo cambio por dentro y todo mi entorno cambia. No hay otra persona mas que uno mismo para lograrlo, ni hay el suficiente dinero para comprarlo.

El éxito sabe a….sabe un vivir pleno que deseo en mi boca por un buen tiempo, no tan corto ni tan prolongado, solo lo justo para gratificarme, para cambiar, para influir, para continuar en mi constante búsqueda de la adictiva sensación de la satisfacción.

 

Venimos al mundo a ser felices y eso se consigue con una buena actitud.

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Mi lugar favorito de 4.15 * 4.15

Conocí un lugar que data desde 1976; cabe mencionar que el día en que invadí, habían perfumes de melancolía y viejas pisadas de quien solía habitarlo, que me hacían sentir una intrusa.

Pasaron los meses y cada vez un rinconcito tenia una de mis huellas, y es así en que los próximos 2900 días se convirtió en mi sitio favorito para callar y aprender.

Mi lugar favorito es de medidas relativamente pequeñas y desde que pongo un pie dentro, las palabras estorban, ni hablar de la tecnología que no cabe por la puerta porque al silencio no le hace falta; ni la internet, ni la televisión, ni la radio me causa tanto placer como cerrar los ojos y divagar; divagar por donde ya estuve, por donde no he estado.

La magia de mi lugar pude gratamente conceptualizarla, para resolverle a mi consciente tremendo misterio.

Las paredes son tan blancas pero tan coloridas, como los paisajes que dibujo con la imaginación de presentes alentadores,  futuros prometedores y pasados conmovedores; la intensidad de mis sueños y metas están coloreadas en cada una de las tonalidades de las maderas del techo que observo con cautela al inicio de la mañana, al caer del sol o cuando me da la gana, así la mente y la almohada se fusionan en una conversación aletargada, complementada con un par de vueltas que revuelven las ideas cuando Morfeo decide ausentarse.

Conozco muy bien mi lugar; así como cuando sé la hora por el color de la luz que atraviesa la cortina de esas ventanas que dan al exterior, ese exterior donde los tiempos son medidos en segundos, pero acá adentro son medidos con el ancho de mis pensamientos por la altura de mis sentimientos y por la arista de la energía que se cuela por las paredes.

Este lugar me conoce muy bien; así como todas las lagrimas de tristeza y felicidad, que han caído a esa alfombra vino tinto, que conocen la formula exacta de su procedencia, pero calla, conserva el secreto y se encarga de evaporarlas para seguir adelante con el juego de la vida.

Ni hablar de esas 4 puertas de madera que ocultan mis abruptas estructuras mentales, o  mejor dicho,  esas 4 puertas de madera conocen mi desordenado pensamiento, mi desordenada vida y mi desordenado estilo de vida que jamás critican ni entienden.

Tengo también, por ahí cerca concentradas en una mesa, las cosas mas importantes que deben estar siempre a la mano; curiosamente, aún no se que es lo debería sobretodo cuando mi pasatiempo favorito no necesita ninguna de estas complejidades materialistas; es que este paraíso sabe mas de lo que hablo, sabe mas de lo yo sé; este paraíso no tiene mi estilo, no conoce mis hábitos, no refleja mi diario vivir, pero me ha robado las estorbosas palabras para dibujar, bailar, cantar: lo que necesito, lo que me place y cuando lo necesito.