El corazón alegre…

Enero es siempre una buena excusa para tomar decisiones. Será quizá porque esta asociado con nuevos comienzos, nuevas metas, nuevos planes, nuevo todo.

Fue así como logré empezar una nueva vida que implicaba botar muchas cosas; unas que dolían más que otras pero puedo afirmar sin titubear que han sido  las mejores decisiones que he tomado.

Las razones las puedo resumir en la respuesta que existe en mi cabeza cada que me preguntan “Te ves muy bien. Que tienes de diferente? Te cambiaste el look?”.

La respuesta política es siempre “hice algunos cambios en mi apariencia… me corté el cabello, estoy haciendo dieta, me compre un closet nuevo… y mil más”; sin embargo, la respuesta más autentica que nace en el fondo de mis entrañas es:

Gracias a Dios tomé la decisión de tirar todo a la mierda.

Empecé por sanarme el corazón, sanarme el alma. Boté o me botó, la persona a quien le rogué tantas veces amor. Me deshice de una relación que claramente no estaba destinada a ser. Dolió, pero nadie quiere mendigar amor. Nadie debería llorar por un amor sin amor.

En seguida decidí que quería verme bien pero desde muy dentro. Bajar 20 libras hasta el momento fue muy adentro en comparación a cambiar toda mi ropa y teñirme el cabello. Decidir a cambiar un estilo de vida partiendo de mi típica mentalidad de reto. (Que por cierto, era el único reto para aquel entonces).

La última arista más grande fue botar un empleo que me hacía sentir cómoda por haber vencido algunos retos pero que martirizaba cuando la monotonía alcanzaba mi día a día. Nadie debería pertenecer a una organización que no da mérito a tu trabajo y nadie debería trabajar con quien no compartes tus principios y tu ética como profesional. Tíralo. Bótalo. Sientes miedo, sientes inestabilidad; pero será siempre el mejor detonante para lograr verdaderos cambios y especialmente, estimulará tu capacidad de buscar soluciones.

Podría sumar varios otros cambios pero que finalmente se resume a que hoy…. me brilla el alma, la sonrisa no me cabe en la cara, me siento fuerte, me siento viva, recobré toda la motivación para empezar un nuevo día y renací en una mentalidad de emprendimiento.

Y como dicen, “El corazón alegre hermosea el rostro”: pues eso, así se resume mi respuesta más sincera a sus cuestionamientos.

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