Enjaulada en el miedo

ImageArranca un nuevo día y una vez más quiero correr a los brazos de mama a que me regale un hálito de esperanza y llorar como niña desconsolada. ¿Desde hace cuánto mi felicidad se ha visto comprometida por esta fachada del miedo? Estos días se han vuelto inútiles e improductivos desde que ilusamente admiro el panorama de la vida a media noche.

¿Donde se escondió el reto del día a día? ¿Donde está la ilusión de un logro? la pobreza ha consumido mi mente, la ha vuelto miserable e insoportable; menos sonrisas y más marcas en la piel, el pecho pesa demasiado y la cabeza esta a punto de alcanzar el piso.
El tiempo es cada vez mi peor enemigo entre tantas holguras donde cabe basura. ¡Oh caudaloso río del tiempo! eres riqueza y lamento que te vayas a la historia, al olvido sin poder retenerte y la conciencia recuerda cada doloroso segundo perdido.

Esta fatalista crisis existencial tan presente de sol a sol, ¡cuanto te aborrezco! El bolso del provecho de los días esta cada vez más vacío y mi jaula queda pequeña, muy pequeña. Ya no alcanza ni para acomodar los dedos de los pies, y he aquí anclada al maldito miedo que me ha robado las alas en mi propia cara.

No encuentro el alfiler para reventar esta maldita burbuja que me ha apartado de la efímera felicidad. ¿Hasta cuando inventaré tantas excusas que han atentando severamente contra mi felicidad? ¡Estúpida! Que alguien me despierte de esta pesadilla.

Un soplo de esperanza,
un empujón al acantilado,
una nueva fuente de valor,
una nueva actitud determinante,
o un milagro celestial.
Tal vez algo de eso.