Soy

No soy la ropa que cargo puesta, no soy en celular que me distrae tanto,
No soy la casa en la que vivo, ni el carro que conduzco,
No soy la tarjeta de crédito que me ahoga, ni las cuentas bancarias que tienen mi nombre,
No soy la agenda que calendariza mi tiempo ni la lista de tareas designadas a las horas planificadas.

Tampoco soy este limitado cerebro que redacta y ordena a mi mano escribir esta publicación, no soy ese conocimiento que se ausenta con un solo golpe en la cabeza.
Ni siquiera soy este complejo sistema del cuerpo que me mandaron a cuidar, que se cansa, que se aburre, que colapsa, que tiene sueño, que se asfixia.

En cambio soy un espíritu entristecido o jubiloso que charla con el tuyo, que se entiende sin complicaciones con el tuyo; soy ese cassette de la conciencia que no tiene nada que ver con la memoria y que tarde o temprano pagará alguna cuenta.
Soy aire, soy agua, soy fuego, soy el espíritu que baila alegre entre las flores, soy la energía que te alegra, que me alegra, que te entristece, que me entristece, que no es compleja porque no tiene hambre, porque no duerme, soy esa energía que conversa con los animales y las plantas.

Soy solo un alma que tiene hambre de paz, que conoce el amor; un alma que habita independiente en mi cuerpo y que sólo se enferma cuando la tranquilidad se ausenta o cuando la conciencia se atraviesa en el camino; alma que no se contagia del cuerpo pero a la inversa: el cuerpo se contagia de la congoja del alma; alma que trasciende, que no estorba.
Soy un solo un recuerdo de amor para el alma del que me conoció y no esta más conmigo.

Nací y después inevitablemente me confundí en mi país, en mi mundo, en mi casa, en mi trabajo. Me confundí en la importancia de la vida, la importancia de la fe que es el único consuelo para mi mente que estorba porque busca siempre explicaciones para saber que aunque mi cuerpo no esté bien, mi alma y mi espíritu habitan con serenidad.
A mi mundo, o mejor dicho a mis hermanos, se nos olvido todo lo que en esencia somos. Estamos alineados a las señales físicas y químicas que nuestros ojos perciben.
Confundo la simpleza de la vida consolándome con materialismos ajenos a la esencia misma y a mi cuerpo: un carro nuevo, un reloj costoso, unos zapatos nuevos.

Vivo en materialismo, me adapto al materialismo pero intentare recordar la verdadera importancia de mi existencia, de lo contrario ¿Cuál sería el verdadero sentido de mi paso tan corto por el mundo?

Y cuando muera, seguiré siendo lo mismo: alma, espíritu, energía.

By @Alessandrocole

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